MARIO AMORÓS / HISTORIADOR
“Pasionaria nunca se posicionó
abiertamente a favor de las tesis eurocomunistas
“Si hubieras
podido oírla… Las palabras surgían de su boca irradiando una luz que no es de
este mundo. Su voz tenía el acento mismo de la verdad”. Con esta cita de
Hemingway comienza Mario Amorós su monumental biografía de Dolores Ibárruri que
Ediciones Akal acaba de publicar coincidiendo con el centenario de la fundación
del PCE: ¡No pasarán! Biografía de Dolores Ibárruri, Pasionaria. Lo
que escribía el autor de Por quién doblan las campanas no es
exagerado; por eso la voz de Dolores se podía permitir abrir, en 2019, el tema
de Los Chikos del Maíz “No pasarán” sobre una base de rap. Pocas voces grabadas
con los medios de la primera mitad del siglo XX podrían desprender la
electricidad suficiente para funcionar así en la canción de unos
hiphoperos.
Dolores Ibárruri
es quizá la política española más relevante del siglo XX. Fue también la
primera secretaria general de un partido de izquierdas en España. Habría que
esperar a 2021, con la elección de Ione Belarra como secretaria general de
Podemos, para que volviera a ocurrir. Su origen extremadamente humilde le
distingue de otras mujeres muy relevantes del siglo pasado como Victoria Kent,
Clara Campoamor, Federica Montseny o Margarita Nelken, cuyo origen social les
brindó oportunidades para estudiar y formarse que ella no tuvo. Además de sus
importantes responsabilidades como diputada del Frente Popular y dirigente del
PCE, Pasionaria ejerció un liderazgo sin parangón en España y
se convirtió en un referente internacional del antifascismo. Vázquez Montalbán
dijo de ella que se trataba de “una mujer real que por su diferencia consigue
convertirse en un referente mítico ante el que reacciona para mal o para bien
la sociedad masculina”.
Mario
Amorós, después de consultar ingentes materiales archivísticos y fuentes hasta
ahora inéditas, nos trae una biografía de enorme interés, que será además muy
útil para aquellas mujeres jóvenes que quieran acercarse a su gigantesca
figura.
¿Por qué una
biografía de Dolores ahora?
Porque queda
muy lejana ya la publicación de los trabajos más relevantes sobre su vida, los
de los historiadores Juan Avilés (2005) y Rafael Cruz (1999) y el ensayo de
Manuel Vázquez Montalbán (1995). Además, esta es la primera biografía de Pasionaria que
se fundamenta en una revisión exhaustiva de la prensa comunista, de la
documentación del Archivo Histórico del PCE, de una amplísima bibliografía y,
singularmente, de un acervo documental extraordinario: su archivo personal, que
conserva su nieta. Está formado por más de 150 cajas, que suman decenas de miles
de páginas e incluyen correspondencia con personalidades españolas e
internacionales, discursos, notas manuscritas, artículos, publicaciones en
varios idiomas, documentación personal o centenares de fotografías. Soy el
primer historiador que ha podido revisarlo al completo y citarlo de manera
profusa. Asimismo, he tenido acceso a las memorias inéditas de su hija Amaya.
¿Qué
significa Gallarta para Dolores?
Es el lugar
donde nació el 9 de diciembre de 1895, en aquella España de Cánovas y Sagasta…
Hija de Antonio “el artillero” y de Juliana, fue educada según los valores
tradicionales. Allí creció en un entorno marcado por la extracción de hierro en
las minas a cielo abierto, que configuraba un paisaje singular, y por el
desarrollo de un combativo movimiento obrero socialista.
Explicas que
su vocación primera fue la de ser maestra…
Por su
dedicación al estudio (concluyó la enseñanza primaria con la calificación de
sobresaliente), su maestra le ayudó a preparar el curso de ingreso en la
Escuela Normal Superior de Maestras de Vizcaya. Finalmente, aquella vocación se
vio frustrada y se inscribió durante dos años en un taller de costura y después
trabajó tres años como sirvienta. Pero sí aprendió a escribir con soltura y
cultivó un gusto por la lectura que mantuvo durante toda su vida.
¿Qué
representa Julián Ruiz para Dolores?
Julián Ruiz
empezó a trabajar en la mina con solo 10 años y, según explicó en un texto
autobiográfico que redactó en la URSS en 1940, participó en todas las huelgas
generales desde 1903 y fue fundador de las Juventudes Socialistas en 1904. Su
matrimonio en 1916 marcó el alejamiento de Dolores Ibárruri del catolicismo y
su inserción en el movimiento obrero socialista: empezó a asistir a las
reuniones en la Casa del Pueblo de Muskiz y a leer los libros de su biblioteca,
como el Manifiesto Comunista. Tomó parte ya en la huelga general
revolucionaria de agosto de 1917 y, tres meses después, la Revolución rusa
cambió el curso del siglo XX… y de su vida. Tras militar en el PSOE durante
1918 y 1919, desde 1920 Dolores Ibárruri y Julián Ruiz participaron en la
fundación del PCE en Vizcaya. Con el traslado de ella a Madrid, en septiembre
de 1931, el matrimonio quedó roto, aunque no lo disolvieron jurídicamente a
pesar de la aprobación en 1932 de la ley de divorcio.
La
maternidad de Dolores es trágica. Solo dos de sus seis hijos llegaron a la edad
adulta y Rubén murió en Stalingrado. Dicen que eso condicionó una relación muy
especial con los niños…
Entre
diciembre de 1916 y 1928 alumbró seis hijos: Esther, Rubén (1920), las
trillizas Azucena, Amagoya y Amaya (1923) y Eva (1928). Fue un periodo oscuro
marcado por la represión, la pobreza y la vida cotidiana en una casa que
carecía de agua potable y luz eléctrica. Aquella maternidad trágica influyó
enormemente en su discurso político, puesto que en innumerables ocasiones (como
el 19 de julio de 1936) apeló a “las madres”… Y las circunstancias hicieron que
mantuviera siempre una relación singular con los niños: la evacuación en 1935 y
enero de 1936 de centenares de hijos de los mineros asturianos, los “niños de
la guerra” españoles en la URSS e, incluso, a fines de los años 70 su
llamamiento a la acogida de niños y niñas saharauis durante el verano en
España.
¿Qué
representó su primer viaje a la URSS en 1933?
Llegó a
Moscú en diciembre de aquel año para participar en la XIII Sesión Plenaria del
Comité Ejecutivo de la Internacional Comunista. Significó el punto de no
retorno en su compromiso, puesto que descartó su retorno a Vizcaya. “Ir a
sembrar patatas ha desaparecido por ahora de las perspectivas de mi horizonte”,
escribió a sus camaradas en febrero de 1934, después de haber intervenido
también ante el XVII Congreso del Partido bolchevique.
Fue elegida
diputada por Asturias en las elecciones de febrero de 1936 y su primera acción
fue muy significativa…
El 20 de
febrero de 1936, en Oviedo, centenares de personas se concentraron ante la
cárcel para exigir la puesta en libertad de los represaliados por la revolución
obrera de octubre de 1934. Junto con un diputado socialista, se entrevistó con
el gobernador civil para exigir su liberación inmediata y finalmente el
director de la prisión le entregó el manojo de llaves de las celdas. En una
jornada llena de escenas emotivas que recordó siempre, los presos quedaron en
libertad. Eran días de euforia y triunfo para los comunistas, después de años
de trabajo oscuro y aislamiento político.
Fue diputada
durante pocos meses, porque la derecha se sublevó, pero relatas que demostró
grandes dotes para la esgrima parlamentaria.
Así lo probó
en el pleno de las Cortes que se celebró el 16 de junio de 1936, tantas veces
recordado debido a una falsedad propagada por sus enemigos y que aún hoy
utiliza la extrema derecha. En aquella sesión se empleó a fondo para rebatir
las palabras de José María Gil Robles, líder de la CEDA, y en un discurso
interrumpido en varias ocasiones por grandes aplausos de la bancada del Frente
Popular criticó “las maniobras de las derechas, que mientras en las calles
realizan la provocación, envían aquí unos hombres que, con cara de niños
ingenuos, vienen a preguntarle al Gobierno qué pasa y a dónde vamos…”. No
formuló ninguna amenaza de muerte a José Calvo Sotelo, como ha reconocido
incluso el biógrafo del dirigente monárquico.
En Unión
Radio nació el “No pasarán” en la voz de Dolores. Subrayas que aquella emisión
fue una lección de comunicación política de los comunistas…
El 18 de
julio de 1936 amaneció con una declaración del Ministerio de la Gobernación que
aseguraba que la sublevación militar iniciada en la víspera en el Protectorado
español de Marruecos se había frustrado… A las siete y media de la tarde, a
través de Unión Radio (la actual Cadena Ser), Gobernación volvía a pregonar que
el orden constitucional prevalecía en todas las provincias. Los micrófonos de
la emisora, instalados en las dependencias de este Ministerio en la Puerta del
Sol (en la actual sede de la presidencia de la Comunidad de Madrid), no cesaban
de difundir comunicados: de la UGT a las ocho y media de la tarde, una
declaración conjunta del PSOE y el PCE a las nueve, de la CNT a las diez y
media de la noche, incluso del Partido Sindicalista y del POUM poco antes de la
medianoche…
Desde Radio
Sevilla, el general Queipo de Llano aseguraba que el golpe de Estado se imponía
en la mayor parte del país y que las tropas de Mola y Saliquet avanzaban ya
hacia Madrid por Somosierra y Guadarrama. Casares Quiroga había dimitido como
jefe del Gobierno y la capital de la República era un hervidero de rumores.
Entonces, la dirección del PCE designó a Dolores Ibárruri para que leyera el
llamamiento del partido al país en los primeros minutos del 19 de julio de
1936. Aquel discurso (recordado por la consigna de “No pasarán”) tuvo la virtud
de describir con suma claridad el grave desafío que la República enfrentaba y
convocó al pueblo antifascista y a los sectores leales de las Fuerzas Armadas
al combate en defensa de la democracia. Ni el presidente Azaña, ni los
principales dirigentes socialistas, como Largo Caballero o Prieto, entendieron
la importancia de dirigirse al país en aquellos momentos cruciales.
Madre
coraje, referente internacional antifascista y dirigente popular patriótica en
España ¿Cuáles son las claves de su capacidad de liderazgo?
Las
circunstancias al mismo tiempo dramáticas y épicas de la guerra en España
conmovieron al mundo y comprometieron a los antifascistas, que sintieron que
aquel combate desigual de la democracia contra el fascismo les involucraba
absolutamente. Desde luego Dolores Ibárruri tenía un atractivo innegable: el
tono vibrante de sus palabras, una capacidad de oratoria innata, el magnetismo
de una voz que cautivaría a varias generaciones, la fuerza y la oportunidad de
las consignas que presidieron sus discursos, incluso su imagen siempre enlutada
que la proyectaba como madre coraje que apelaba a los sentimientos más íntimos
de las clases subalternas. A sus cualidades y el contexto de la guerra se
unieron, para otorgar una dimensión nacional y universal a su figura, toda la
potencia de los medios de propaganda del PCE y de la Internacional Comunista,
hasta convertirla en el icono popular de la resistencia republicana.
Sus
discursos contra el POUM estremecen, al igual que sus posiciones en los
momentos más duros del estalinismo. Háblame de esa Dolores…
Desde
principios de 1937 arreciaron los ataques del PCE contra el POUM, con una
novedad importante como fue la vinculación de este partido con los sublevados,
justo cuando en Moscú empezaban las grandes purgas del régimen de Stalin. Los
controvertidos hechos de mayo de 1937 en Barcelona fueron la culminación de una
sucesión de incidentes que tuvieron lugar en la retaguardia republicana
principalmente entre comunistas y anarquistas. Después se produjo el relevo de
Largo Caballero como presidente del Ejecutivo por Juan Negrín y la ilegalización
del POUM y enjuiciamiento de sus dirigentes, así como el secuestro,
asesinato y desaparición de Nin por agentes de la NKVD soviética.
Dolores
Ibárruri atacó duramente a este partido en diversas ocasiones, como cuando el
10 de agosto de 1937 llamó a “extirpar” el “trotskismo” de “las filas
proletarias de nuestro país”. Era un tiempo histórico de lenguaje político
implacable con el enemigo y también con los camaradas caídos en desgracia… De
hecho, he examinado su papel en las depuraciones de Jesús Hernández y Enrique
Castro Delgado en 1944 y en la exclusión de la dirección y la relegación
política de Francisco Antón, concretada en 1953, quien había sido su pareja
sentimental durante varios años. La suya fue una posición dura, en un contexto
(el comunismo en la era del estalinismo) que no admitía medias tintas.
La muerte de Rubén en Stalingrado dejó a Dolores devastada, pero siguió al
frente de sus responsabilidades…
Rubén Ruiz
Ibárruri fue uno de los cerca de doscientos españoles que cayeron luchando en
las filas del Ejército Rojo durante la Segunda Guerra Mundial. Murió en
Stalingrado el 3 de septiembre de 1942, en los primeros días de la batalla más
cruenta de la historia, la que cambió el curso de la contienda. Era uno de los
menos de 40.000 soldados que entonces defendían la ciudad frente a los 400.000
efectivos alemanes organizados en siete divisiones de infantería y dos
divisiones motorizadas. Fue Nikita Jrushchov quien le comunicó su muerte y
lloró “como nunca le había visto hacerlo hasta entonces”, escribió Irene
Falcón. Pero la lucha y la guerra continuaban y Dolores Ibárruri mantuvo su
actividad, que hasta principios de 1945 consistió principalmente en leer
discursos y llamamientos por La Pirenaica y las emisoras
soviéticas. Así, el 11 de octubre de 1942, cinco semanas después de la muerte
de su hijo, quien en 1956 recibió la condecoración de Héroe de la URSS, leyó un
comentario titulado “Stalingrado, faro del mundo”.
La política
de reconciliación del PCE empezó en una reunión con Stalin…
En agosto de
1948 Stalin, Mólotov y Suslov recibieron en el Kremlin a una delegación del PCE
formada por Dolores Ibárruri, Santiago Carrillo y Francisco Antón. Es conocido
que Stalin recomendó a los comunistas españoles la táctica del entrismo en las
organizaciones franquistas. En ocasiones se ha señalado que aquella reunión
representó el final casi inmediato de la lucha guerrillera y el inicio de una nueva
etapa en la estrategia del PCE; en realidad fue un proceso que duró varios
años. Tras la muerte de Stalin en 1953, el ingreso de España en la ONU en 1955
(con el voto favorable de la URSS), el impacto de las movilizaciones en la
Universidad de Madrid en febrero de 1956 y el XX Congreso del PCUS fueron los
hitos que enmarcaron la definición de la Política de Reconciliación Nacional,
postulada por el PCE desde junio de 1956, en vísperas del vigésimo aniversario
del comienzo de la guerra civil.
Háblame de
la relación de Dolores con Carrillo.
1956 fue
también el año del ascenso de Santiago Carrillo y del núcleo de dirigentes
procedentes de las Juventudes Socialistas Unificadas en la dirección del PCE,
desplazando a Vicente Uribe. Con Carrillo y su equipo establecidos en París y
Dolores Ibárruri en Moscú, donde junto a sus tres nietos empezaba a disfrutar
por primera vez de la vida familiar, la transición interna culminó en diciembre
de 1959, cuando ella asumió la presidencia del partido, con funciones eminentemente
representativas y simbólicas, mientras que Carrillo fue elegido secretario
general. El prestigio de Pasionaria entre la militancia fue
decisivo para limitar el alcance de las escisiones prosoviéticas que el PCE
sufrió en 1969 y 1970, tras su condena de la invasión de Checoslovaquia por las
tropas del Pacto de Varsovia. Del mismo modo, respaldó a Gerardo Iglesias
después de la dimisión de Carrillo a finales de 1982.
¿Cuál fue el
papel de Dolores en los debates con Claudín y Semprún?
Me he
centrado en sus palabras en el decisivo cónclave del Comité Ejecutivo del PCE
celebrado cerca de Praga en los últimos días de marzo y principios de abril de
1964. Fueron intervenciones muy extensas, apasionadas, en las que proclamó su
convicción de que el PCE tendría un papel protagonista en el fin de la
dictadura franquista y que la evolución democrática de España seguiría el rumbo
del socialismo. Asimismo, respaldó la posición del secretario general: un
partido con su dirección en el exilio y su militancia golpeada sistemáticamente
por la represión en el interior, en el marco de las crecientes movilizaciones
por la democracia, no podía admitir diferencias estratégicas entre sus
dirigentes.
Pasionaria fue la única diputada de la II
República que se sentó en el Congreso en 1977. ¿Cómo juzgaba la Transición y la
estrategia del Partido?
Desde el
exilio en Moscú, y cuando la agonía física del dictador se acentuaba, su anhelo
más íntimo era regresar a una España democrática. En 1976, Carrillo volvió a
Madrid clandestino y, como sabemos, fue él quien negoció con Adolfo Suárez el
pacto de la Transición. Ella retornó en mayo de 1977, con 81 años,
y en ningún momento cuestionó aquellos acuerdos. Sí es cierto que nunca se
posicionó abiertamente a favor de las tesis eurocomunistas, aunque en abril de
1978, en vísperas del IX Congreso del PCE, justificó la supresión de su
definición como partido marxista-leninista. Al mismo tiempo, mantuvo un
silencio absoluto ante las ásperas polémicas que enfrentaban a Carrillo y su
equipo de dirección con los dirigentes soviéticos.
Después de
este trabajo de investigación histórica ¿hay algo que te haya sorprendido
especialmente?
Por
supuesto. Por ejemplo, su papel en la despedida de las Brigadas Internacionales
en el otoño de 1938, en la que no tuvo un protagonismo especial: el bello texto
de Dolores Ibárruri tantas veces citado no fue un discurso en el desfile de
Barcelona, como suele señalarse, sino un mensaje escrito que fue publicado por
el Partido Comunista Francés en un folleto en español, francés e inglés. Hay
mucha confusión al respecto en innumerables publicaciones y espero haber
contribuido a aclararla en las seis páginas que he dedicado a este episodio.
AUTOR >
Es doctor
por la Complutense, universidad por la que se licenció en Derecho y Ciencias
Políticas. En 2013 recibió el premio de periodismo La Lupa. Fue secretario
general de Podemos y vicepresidente segundo del Gobierno.
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