¿Qué ha pasado en Venezuela?
No nos engañemos: en España, los medios han hecho más escándalo por cómo
iban vestidos los Reyes Magos en la Cabalgata en Madrid que por el hecho de que
el jefe de la oposición haya asistido a una misa en honor de Francisco Franco, el mayor asesino
de la historia de España. ¿Qué van a decir de las elecciones en Venezuela el
domingo pasado después de llevar años repitiendo que todos los males del mundo
son culpa de ese país?
Siguiendo con la sinceridad: no es extraño que las élites mundiales
odien a Venezuela. No se trata de ningún compromiso con los derechos
humanos ni nada que se le parezca. El mayor asesino de Colombia ha sido Álvaro
Uribe y esas élites le invitan a dar conferencias en sus universidades
corruptas, igual que agasajan a los que mintieron con las armas de destrucción
masiva –al menos 600.000 asesinados en Irak-, con los que ejecutan mujeres por
querer ser ciudadanas o con los que practican el terrorismo de Estado, a los
que llaman "estadistas".
El odio de hoy a Venezuela es similar al odio en su día a Robespierre, a
Lenin, a Azaña y a Negrín, a Ho Chi Min, a Fidel Castro, al Mandela que ponía
bombas –no al que luego han presentado como si lo hubieran domesticado-, a
Malcom X, a Angela Davies, a Evo Morales, a Correa o a Hugo Chávez: es el odio
a los que no han podido derrotar y humillar, a veces incluso después de muertos. Es el odio a los que
metieron miedo a las élites, a los que les sacaron de los palacios de
gobierno, a los que les impidieron que siguieran sintiendo que sus
países eran su propiedad particular. Y a los que sembraron ejemplo y
organizaron el descontento. Eso hizo Chávez con la UNASUR, relanzando la
OPEP, creando fondos latinoamericanos para sustituir al FMI, organizando los
diferentes ejércitos latinoamericanos, creando Telesur, amenazando al dólar
como moneda de intercambio mundial y de comercialización del petróleo. Desde
Venezuela, un país que no tenía derecho a levantarse, siempre títere de los
Estados Unidos, atravesado por el Opus Dei, lleno de oro negro y siempre, hasta
que llegó Chávez, con su pueblo hambreado.
Han sido sorprendentes los editoriales de la prensa española de
derecha reprochando a la oposición venezolana por haberse presentado a
las elecciones. ¿Cómo se le ocurre a la derecha venezolana quitarle a la
derecha española su gran excusa para no hablar de otra cosa que no fuera
Venezuela?
Las elecciones de este pasado 21 de noviembre eran elecciones a alcaldes y
gobernadores, es decir, unas elecciones de menor relevancia que las elecciones
a diputados o las presidenciales. Sin embargo, han tenido una enorme
repercusión nacional, regional y mundial. ¿Por qué? Pues porque
después de la salida de Donald Trump del Gobierno –intento de golpe por medio
incluido-, una vez constatado el fracaso de la operación Guaidó –nombrar
presidente legítimo de Venezuela a un títere de los EEUU autoproclamado en una
plaza de Caracas-, tras ver cómo desde Estados Unidos y Gran Bretaña les
robaban las riquezas de todos los venezolanos –Citgo, las cuentas bancarias- o
el oro depositado en Inglaterra- o cómo el bloqueo ha golpeado, como siempre, a
los más humildes, las diferentes oposiciones al Gobierno de Maduro
decidieron presentar a las elecciones.
Han sido sorprendentes los editoriales de la prensa española de derecha –es
decir, la práctica totalidad- reprochando a la oposición venezolana por haberse
presentado a las elecciones y "legitimar" con su participación el
Gobierno de Maduro. ¿Cómo se le ocurre a la derecha venezolana quitarle a la
derecha española su gran excusa para no hablar de otra cosa que no fuera
Venezuela?
La derecha ha sacado un buen resultado. Si no han sido capaces de alcanzar
más poder político ha sido porque la oposición es un conjunto abigarrado que ya
no se puede sumar sin más. Ya no existe "la oposición", sino que se
trata de diferentes oposiciones, muchas de ellas incompatibles entre sí,
de manera que pretender sumarlas es un ejercicio arriesgado. Alianza
Democrática, insultados como "alacranes" por la derecha más proclive
al golpismo -la que representa Guaidó-, logró 38 alcaldías, mientras que otros
partidos críticos con el chavismo, como Fuerza Vecinal, ganaron otras 22.
¿Cómo van a defender ahora, con la participación electoral de la
oposición, que Venezuela es una dictadura, cómo van a justificar al
títere de Guaidó, cómo van a justificar el bloqueo y las sanciones? Se acabó.
En Venezuela empieza una nueva etapa.
Las diferentes oposiciones han sacado 4.734.233 votos frente a los
3.925.119 del chavismo, con una participación del 42,26% (similar a este tipo
de elecciones en la región, aunque muy superior a las de otros países como
Chile y aún más al haber tenido lugar mientras aún dura el COVID). Los
opositores al Gobierno de Nicolás Maduro han ganado en 117 alcaldías (de las
cuales, 63 la MUD) y tres gobernaciones, Cojedes, Nueva Esparta y una de las
más poderosas del país y la más poblada, la del Zulia. ¿Puede nadie
hablar de "fraude" con ese resultado? Reconocer por parte de la
derecha sus victorias tiene la contraparte de que tienen que reconocer la
victoria del chavismo: 20 gobernaciones, la alcaldía de Caracas y otras 211
alcaldías.
A las derechas europeas, que han hecho de Venezuela el equivalente de la
Unión Soviética durante la guerra fría –con la diferencia de que la URSS tenía
capacidad de influir en el tablero mundial, mientras que Venezuela no deja de
ser un país pequeño- les ha molestado enormemente que estas elecciones hayan
tenido lugar. ¿Cómo van a defender ahora, con la participación
electoral de la oposición, que Venezuela es una dictadura, cómo van a
justificar al títere de Guaidó, cómo van a justificar el bloqueo y las
sanciones? Se acabó. En Venezuela empieza una nueva etapa.
Desde el comienzo quisieron poner palos en las ruedas. Empezaron criticando
que la Unión Europea mandara una Misión de Observación Electoral, lo que era,
desde el primer momento, una manera de legitimar las elecciones. Han criticado
a las oposiciones por presentarse, aunque solo ha aumentado la sensación de que
Guaidó es un cadáver político –de hecho, la llamada Mesa de la Unidad
Democrática, la MUD, ha empeorado su resultado electoral- y han querido
presentar el informe de la UE como negativo, cuando ha sido todo lo contrario.
El Documento de la Unión Europea iba encabezado con un enunciado claro:
"Un retorno a la mesa electoral de la mayoría de las fuerzas políticas con
mejoras en las condiciones electorales". Es decir, se avalaban las
elecciones. Como han hecho el 100% de los expertos latinoamericanos. Que deje
Europa de querer dar lecciones.
El Documento de la Unión Europea iba encabezado con un enunciado claro:
"Un retorno a la mesa electoral de la mayoría de las fuerzas políticas
con mejoras en las condiciones electorales". Es decir, se avalaban las
elecciones. Como han hecho el 100% de los expertos. Quizá
por eso mismo -el regusto colonial europeo- acompañaba un elemento crítico:
"Aunque con persistentes deficiencias estructurales". Las
16 páginas del informe estaban salpicadas de afirmaciones que
avalaban el resultado final, en la misma línea contundente sostenida por
los expertos electorales de América Latina -muchos de ellos expresidentes de
Tribunales Electorales- que han avalado las elecciones de manera unánime. Según
el informe europeo:
"Las elecciones regionales y municipales del 21 de noviembre fueron
una primera y crucial prueba para el regreso de la mayoría de los partidos de
la oposición a las elecciones en Venezuela. El proceso electoral
mostró la persistencia de deficiencias estructurales, aunque mejoraron las
condiciones electorales en comparación con las tres elecciones nacionales
anteriores (...) Una administración electoral más equilibrada, con
representación de los partidos de la oposición y de la sociedad civil en la
supervisión de las elecciones, la realización de numerosas auditorías en las
distintas fases del proceso electoral, y una actualización más amplia del
registro electoral mostraron una mejora de las condiciones. Además, los
partidos de la oposición pudieron presentarse con la tarjeta de la Mesa de la
Unidad Democrática (MUD), anteriormente suspendida (...) El marco
jurídico electoral venezolano cumple con la mayoría de estándares electorales
internacionales básicos (...) El actual Consejo Nacional Electoral (CNE) se
considera el más equilibrado de los últimos 20 años y la mayoría de sus
decisiones se han tomado por consenso".
No han faltado, obviamente, críticas en el informe europeo que, más allá de
su veracidad, eran el requisito necesario para que los sectores conservadores
de la UE firmaran el documento. Que es donde se han querido agarrar las
derechas y sus medios para presentar de manera torticera el informe. Mienten,
pero hace tiempo que eso les da lo mismo.
Como concluyó la jefa de la Misión, Isabel Santos, "el informe no
puede ser objeto de instrumentalización política. Se trata de una aproximación
técnica al proceso electoral y el momento electoral vivido, una herramienta
útil para mejorar procesos en el país. Combatiremos cualquier intento
interesado de interpretar esta declaración a favor de intereses partidistas con
los que no tenemos nada que ver".
El odio de hoy a Venezuela es similar al odio en su día a Robespierre, a
Lenin, a Azaña y a Negrín, a Ho Chi Min, a Fidel Castro. Es el odio a los
que metieron miedo a las élites, a los que les sacaron de los palacios de
gobierno, a los que les impidieron que siguieran sintiendo que sus países
eran su propiedad particular
El resumen del Alto Comisionado de la Unión para Asuntos Exteriores y
Política de Seguridad, Josep Borrell, más allá de los equilibrios de su cargo y
de las herencias de decisiones equivocadas del pasado, ha reconocido que:
"Estas elecciones fueron organizadas bajo mejores condiciones en
comparación con procesos anteriores, incluido un Consejo Nacional Electoral
ampliamente considerado como el más equilibrado de los últimos 20 años en
Venezuela".
Por esas herencias y equilibrios -y por el miedo a una derecha que necesita
a Venezuela para que no se hable de las cosas importantes- ha querido lanzar
también su regaño, añadiendo que:
"No obstante, la Misión observó deficiencias estructurales, como
inhabilitaciones políticas arbitrarias de candidatos, acceso inequitativo a los
medios de comunicación y un uso extensivo de los recursos del Estado durante la
campaña política".
Algo que llama la atención cuando en España se acaba de inhabilitar
de manera obviamente injusta al Diputado Alberto Rodríguez -después de hacerlo
de manera similar con Isa Serra-, el PP se lleva presentando a las elecciones
desde al menos 1999 con dinero obtenido de la corrupción, y el duopolio
mediático en España, al igual que RTVE, trabajan evidentemente para la derecha
y, en menor medida, para el PSOE, dejando a fuerzas como Unidas Podemos muy
lejos de lo que le correspondería.
Todo lo que se dice y publica sobre Venezuela por parte de la derecha y sus
medios casi siempre es mentira, aunque hasta un reloj parado da dos veces al
día bien la hora. ¿O no es acaso cierto que pese al bloqueo y el embargo, las compañías
norteamericanas relevantes, como Halliburton, que son las que deciden qué pasa
o no pasa en Washington, han seguido trabajando en Venezuela? ¿Alguien
las ha sancionado? Porque una cosa es lo que se hace y otra lo que se dice,
siempre determinado por intereses económicos y electorales. Venezuela
ha sido y sigue siendo el demonio con el que las derechas asustan para que las
víctimas sigan votando a los verdugos.
Que España no esté en el proceso de diálogo de México entre el Gobierno de
Nicolás Maduro y las oposiciones es una señal de su pérdida de influencia. La
derecha que quiso prender fuego a Venezuela ya no tiene argumentos para seguir
justificando su beligerancia.
En conclusión, con el regreso de la oposición a las elecciones termina un
tiempo turbulento en el que el golpismo de un sector de la derecha venezolana
ha llevado a su país a la peor crisis de su historia. Las críticas a las
elecciones en Venezuela son las propias de casi cualquier proceso electoral. El
100% de la veeduría internacional, donde están los organismos electorales más
respetados de América Latina, han zanjado que las elecciones han sido limpias.
Que deje Europa de querer dar lecciones. Los medios de comunicación han vuelto
a mentir. ¿Fraude? ¿Violencia? ¿Desequilibrios? Por cierto, violencia real en
Colombia, donde el mismo día de las elecciones siempre se asesina a candidatos,
o en EEUU, donde el día de la proclamación del nuevo presidente, se asaltó el
Capitolio y murieron cinco personas. ¿Nos imaginamos qué dirían los
medios y la derecha si el día de la elección de Maduro se asaltara el Congreso
y murieran cinco personas? Pero Estados Unidos sigue queriendo dar lecciones de
democracia a los pueblos del mundo. Pero ya nadie quiere esa sopa
recalentada.
Si la Unión Europea ha reconocido la legitimidad de las elecciones, no
tiene sentido que sigan reconociendo a Guaidó como presidente interino. Y
España, que ya ha hecho bastante el ridículo, convendría que recuperara la influencia
en la región empezando a tener criterio propio y desligándose de los Estados
Unidos -a los que les pesa el voto en Florida para mantener las sanciones-,
ayudando a la paz y al diálogo y no como hasta ahora poniéndose del lado de la
confrontación y la violencia. Aunque solo sea para que defiendan los
intereses económicos españoles en la región. Que España no esté en el
proceso de diálogo en México entre el Gobierno de Nicolás Maduro y las
oposiciones es una señal de su pérdida de influencia. La derecha que
quiso prender fuego a Venezuela ya no tiene argumentos para seguir justificando
su beligerancia. Y si sigue haciéndolo, que sea por su inclinación hacia la
extrema derecha y no por ningún acuerdo con el PSOE. Tiempo de paz, tiempo de
diálogo.
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